Bonil deja El Universo
Cuando era niña y los domingos llegaba El Universo a casa, lo primero que buscaba era a Bonil.
Era un ritual. Apenas los adultos desocupaban el periódico, iba directo a su caricatura. Luego venían el Mi Mundo, y ya más adelante, cuando las letras me empezaron a ganarse mi amor, Jorge Martillo Monserrate y el Pájaro Febres Cordero, mis primeros referentes locales en la redacción periodística. Pero Bonil siempre estuvo ahí, desde el principio.
Hoy, Xavier Bonilla cierra casi tres décadas en Diario El Universo. Y siento que vale la pena decir por qué eso importa.
Bonil no es solo un caricaturista. Es un cronista. Desde 1995. Su trazo sintetizó crisis bancarias, golpes de Estado y escándalos de corrupción con una economía de líneas que pocos en el mundo logran. Su estilo — deconstrucción fisionómica, humor como bisturí, lenguaje satírico — convirtió la viñeta diaria en una editorial visual que obligaba a pensar.
Y le costó caro. Fue el primer sancionado por la Supercom de Correa, en 2014, por una caricatura sobre el allanamiento a la casa de Fernando Villavicencio. Le ordenaron rectificar. Lo hizo con una ironía que dio la vuelta al mundo. En 2015 fue procesado de nuevo, esta vez por una viñeta sobre Agustín Delgado — acusado de discriminación socioeconómica por reírse del poder, a propósito de una lectura en voz alta en el Legislativo que dejaba mucho que opinar. Pagó multas. Resistió. Y siguió dibujando.
Eso es lo que hace a Bonil un símbolo: no que nunca lo tocaron, sino que cada vez que lo tocaron, respondió con más trazo.
Su trabajo ha sido reconocido por la Sociedad Interamericana de Prensa, replicado por medios globales, y su figura forma parte de Cartoons for Peace, la organización fundada por Jean Plantu y Kofi Annan que promueve el dibujo como herramienta de derechos humanos. Libros como Bonil Cartoons y La columna de Bonil son archivo histórico del Ecuador contemporáneo.
Fue en X donde nos empezamos a seguir. Y donde tuve la oportunidad de un acercamiento más profesional, pero siempre muy afectuoso, con el ilustrador detrás de la firma — con Xavi, a quien respeto, admiro y aprecio muchísimo.
El Universo pierde con esta partida a un emblema nacional. Pero Bonil no desaparece. Estoy segura.
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