El asesinato de Monika Silva: Todos son sospechosos
Por Blanca Moncada
Periodista
Hizo de Montañita su hogar hace más de una década, pero la mataron.
Ya no es una corazonada de quienes la conocíamos por su trabajo, ni una intuición de la comunidad de Montañita que nunca creyó la versión oficial. De acuerdo al Cepam y al Comité Permanente por los Derechos Humanos, representantes de la familia de la activista en Ecuador, que tuvieron acceso al informe pericial de su primera autopsia, Monika Silva Koniuszek murió por una muerte violenta, producto de un golpe y de estrangulamiento.
La asesinaron. Así, sin el amortiguador de los condicionales ni el susto de la terminología técnica que busca recato con un tibio "no habría sido suicidio". A Monika la mataron.
Quisiera ver a los ojos al ministro John Reimberg ahora mismo. El cuerpo de Monika ni siquiera se enfriaba cuando, apurado, adelantaba en medios gobiernistas la teoría de un suicidio y mentía al país sobre un supuesto mensaje de despedida que Monika había enviado (y que nunca existió). Osadía.
Que andaba triste, que tenía depresión, que se medicaba y que tenía mucho estrés. Todo eso dijeron los loritos de Reimberg.
Con Monika muerta, debemos mirar a todos quienes se acomodan en su ausencia: los que investigó, todos, los que van a pelear seccionales sin la voz crítica que les iba a recordar sus pillerías, los usurpadores de tierras que pretenden barrer con las comunas y desaparecen títulos de propiedad en una muy cuestionada entidad que se dedica a esos menesteres en la Península; las intocables familias del sector. Los que jamás contestaron a sus pedidos de información y hasta los que la enjuiciaron. Todos son sospechosos hoy y serán llamados a rendir versión, supe por mis fuentes.
Más allá de la activista
Monika tenía 41 años. Era polaca. Llevaba más de una década viviendo en Ecuador. Madre de dos niñas. Presidía la Fundación La Integridad, desde donde documentó durante años una red de despojo de tierras ancestrales en Santa Elena, sostenida por funcionarios, jueces, policías y asambleístas. Era una investigadora de campo y siempre hablaba con papeles en mano.
En Santa Elena la recuerdan por defender a los vulnerables. No solo seguía de forma exhaustiva causas de corrupción, también llevaba casos de gente a la que el poder le quiso aplastar la cabeza: defendió barrios, luchó por el agua digna en Montañita, que aún sufre la batalla inconclusa de una laguna de oxidación que no sirve para nada. Defendió las orillas del mar y siempre dijo: No hace falta nacer en Ecuador para amarlo y defender lo justo. Aunque este país ingrato no la haya sabido valorar ni proteger, pese a todos los gritos de auxilio que puso en redes.
Defender a Monika Silva Koniuszek es negarse a que su asesinato sea administrado, diluido, archivado como una muerte violenta más. La lucha por justicia no terminó con el informe que confirmó su homicidio. Empieza apenas. Terminará cuando haya nombres, responsabilidades y sentencias.
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