El sarcasmo en medio de la desgracia: Las lecciones de 'Opiniones de un payaso'


Su esposa acaba de dejarlo y es un payaso en desgracia. Elegiría yo decirte que ese podría ser el resumen de Opiniones de un Payaso, pero sería injusto para Heinrich Böll, el escritor alemán que en 1963 lanzó esta historia de decadencia.

Conseguí el libro a solo $ 7 en una Feria del Libro en Guayaquil y el inicio me pescó de inmediato: un hombre, Hans Schnier, abandonado por su mujer, que prefirió irse con un católico conservador.

Un hombre que se dedica, de forma decadente, a intentar subsistir siendo payaso. Y que ha decidido -a manera de monólogo y en cortas conversaciones y retratos de recuerdos- explicarle al mundo por qué está harto de la hipocresía católica y cómo, desde su retorcida perspectiva, entiende la separación y el cansancio de su exesposa como una ruin infidelidad. 


Opiniones de un payaso es un diagnóstico de la sociedad alemana conservadora. Se ríe de los clichés del buen comportamiento y atraviesa el egoísmo de sus personajes de manera áspera y demoledora, a través de un tipo de melancolía que no busca lástima, sino provocar el sonrojo de los personajes que tienen la desdicha de escuchar las penas de Schnier, que -además de su amada Marie-  ha perdido por completo la vergüenza, el amor propio y el pudor. 

El libro transcurre prácticamente en la brevedad de una tarde y desde una habitación. Hans Schnier, un comediante de veintiocho años que ha comenzado a cojear en el escenario y a oír cómo los aplausos se vuelven un susurro extinto, teléfono en mano, intenta reconstruir los pedazos de su vida. Su mujer, Marie, lo ha dejado para regresar al redil de la burguesía católica. Y él, reducido a un marco en el bolsillo y a una propensión incurable a la monogamia, decide hundirse, pero sin perder el sarcasmo.

Lo que más atrapa del texto es la forma en que Böll satiriza y desnuda la hipocresía de la sociedad alemana de la posguerra, en particular de ese entorno católico y acomodado que gesticula piedad mientras maniobra con frialdad su rostro de cara a la sociedad. Hans no tolera a los católicos porque juegan sucio, ni a los protestantes porque lo irritan con su manoseo de las conciencias, y menos a los ateos porque le aburren, porque siempre hablan de Dios. 

En medio de esa fauna, él se reconoce como lo que es: un payaso que mira a los demás desde fuera y observa cómo los antiguos nazis se han reconvertido plácidamente en demócratas cristianos ilustrados.

Una obra que tiene que pasar por tus pupilas, lector. Obligada para cualquiera que disfrute del análisis de los grupos humanos y de las dinámicas sociales cuando la moral se vuelve un traje de etiqueta que se pone y se quita según la conveniencia.



Te dejo mis frases favoritas.

  • ... Los aplausos fueron tan tenues que oí el sonido de mi decadencia. 
  • ... Ella podía ser pedante de un modo amable y tenaz.
  • ... A menudo me ha llamado la atención que las esposas son leales con sus maridos hasta la estupidez.
  • ¿Y los ateos? Me aburren porque siempre hablan de Dios.
  • Por felicidad, no alcanzo a entender nada que dure más de un segundo, puede que dos o tres como máximo. 
  • ... En las películas de divorcio y adulterio juega siempre un gran papel la felicidad de alguien.
  • Yo creo que nadie en el mundo comprende a un payaso, ni siquiera otro payaso, porque siempre entran en juego la envidia o la rivalidad.
  • ... Un artista es como una mujer, que no puede hacer más que amar y que es seducida por el asno viril de turno.
  • Búsquese un alma fiel. Todo lo demás son tonterías.
  • Determinadas formas de cortesía policiaca me inquietan mucho.
  • Nadie había allí que pudiera sacarme del espejo y devolverme a mí mismo. 
  • Todos los críticos son estúpidos, vanidosos y egoístas.
  • Un payaso debe ser melancólico para ser un buen payaso.
  • Existen formas de prostitución curiosamente desconocidas, comparadas con las cuales la auténtica prostitución es una profesión honrada.
  • ...Por primera vez me di cuenta del horror de los objetos que una persona deja al marcharse o morir.
  • ... Un artista siempre tiene la muerte a mano.


Sobre el autor y el peso de la obra


Heinrich Böll (Colonia, 1917 - 1985) fue una de las conciencias críticas más punzantes de la Alemania del siglo XX y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1972. Böll, que fue soldado en la Segunda Guerra Mundial y experimentó de primera mano el horror y el colapso de su país, dedicó gran parte de su narrativa a desmontar la amnesia colectiva de la reconstrucción alemana.

A pesar de declararse católico en su vida privada, Opiniones de un payaso provocó una tormenta descomunal en su época. La Conferencia Episcopal Alemana y los sectores conservadores lo acusaron de anticlerical y vil. Sin embargo, para Böll, esta novela representó el ajuste de cuentas necesario contra la perversión de la fe en favor del poder político y el materialismo de la posguerra. No era un ataque a la espiritualidad, sino un juicio sumario contra el cinismo institucional. Un clásico de lectura atemporal para no olvidar mirar por debajo de las alfombras sociales.

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