Soy alérgica al zoológico de la selva de cemento
Desconozco al autor de esta magnífica ilustración, apenas aparezca, le daré su merecido crédito Me da urticaria. Los perros babosos de las esquinas, que lanzan piropos en adoquines, me caen mal. Los zorros narcisistas y exhibicionistas que critican a las gordas y a las feas, me caen mal. Los buitres que andan al acecho de las faltas de los conductores, me caen mal. Y no es que sea intolerante. Tuve un can llamado Scooby que supo ganarse mi respeto, pero a estos de mi lista simplemente los detesto. Odio a los monos maleducados que botan basura en la vereda, a los que pitan cuando el semáforo está en rojo y a los que imitan modas cojudas y se cortan el pelo ridículamente para llamar la atención. Las cotorras -que cual floreros vigilan y susurran mi andar- también tienen un espacio en este cantar. Igual que los sapos, los sabidos y los sufridores, en todas sus categorías, son los peores. ...