Una intrusa en Los Ceibos
Adelaida llega a su casa en Los Ceibos y encuentra en el portal a una intrusa. La vio merodear por la zona antes, pero nunca imaginó que llegue a estos extremos: echarse, sin vergüenza, en los exteriores de su propiedad. La dueña de la villa pasa del asombro al susto cuando nota que la invasora no se mueve y que, además, tiene la lengua afuera. ¿Estará muerta? Lo que nació como una duda es causa ahora de pavor. Adelaida intenta no entrar en shock y va en busca de ayuda. Halla a un policía mal parqueado a medio camino. Le explica y lo insta a verificar la escena. El uniformado la sigue. Esta vez Adelaida no se acerca. Tiene los ojos abiertos, como una lechuza a la medianoche, y el terror puede olerse en su perfume. El poli llama a refuerzos. Ella teme lo peor. A estas alturas, toda la ciudadela se enteró del hecho. El paco usa su tolete para tener contacto con el cuerpo y verificar su estado. Lo hace como quien mueve carbón encendido en una parrilla, despacio. Espera reacción...