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La pasajera de Manuel

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Domingo por la noche. Manuel vuelve a casa resignado. No le salió ninguna carrera en el centro y es menos probable que aparezca alguien con ruta hacia Durán ahora. Las calles están vacías. Prende las intensas para divisar bien lo que cree ver. Es una mujer blanca, cabello negro. Lleva un vestido rojo. Corto, muy corto. Tan corto que Manuel cree que no es una pasajera, sino una trabajadora sexual. Atiende su señal de parada. Justo en el semáforo. "Voy al Imperio", le dice. "Lo sabía", piensa él. "Pague cinco no más. Estoy de retirada", le ofrece. La joven se sube atrás sin decir una palabra. Él arranca. Pasa el primer puente, pasa el segundo. La ve de cuando en cuando por el retrovisor. Lleva la cabeza gacha, se revisa las uñas, juega con sus pulseras de colores... Quizás la violaron, quizás la obligaron, quizás lo hace porque le gusta. Manuel se entretiene imaginando los porqués de esta mujer que mira con nostalgia la calle, con la cabeza pegada a la ...

Quería hacer cositas pero estaba muerta

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Terminaba el día. Le habían dado la noticia en la tarde pero casi no paró bola. Después de todo, hace diez años que no veía a su primera novia. Escéptico, dedicó unos minutos a repetir en su mente la novedad, ya en casa. La recordó joven, guapa... Se negó a sí mismo el hecho y se acostó a lado de su mujer, aparentemente tranquilo, aparentemente indiferente. No fue un sueño. Él sabe que no. Cómo habría de serlo, si clarito sintió cómo se le acostaba encima. Quería gritar pero no podía. Sintió pechos de hembra ardiente sobre su estómago, pero lejos de excitarse lo que tuvo es miedo. Era ella. La mujer que se mató ese día y que él recordaba como su primer amor. Lo sabe por el susurro macabro que lo abrazó en ese instante: Soy Margarita; oyó como un golpe antes de abrir los ojos. Alterado, y con el corazón rompiéndole el pecho a golpes, este taxista cuarentón se levantó de la cama. "¿Qué hizo después?", sapeé. "Padre nuestro y hasta mañana, niña. Ni al baño me qui...