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Mostrando las entradas etiquetadas como testimonio de drogadictos

Basta de líneas

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No quiero verte.  Llevo las palmas de las manos a los ojos,  giro, doy vuelta a la página.  Allí te quedas tú,  entre los puntos suspensivos de una oración inconclusa.  Eres pausa eterna. Estado de coma. No sé cómo redactarte las angustias sentidas.  Estoy llena de argumentos para que logres el punto final en medio de tantas líneas... Pero vos no me oyes. Me ven como párrafo incongruente de necedad, de hastío. Yo misma me he pensado maldita por esta impotencia malsana disfrazada de quemimportismo. Te amo y me odio,  pero más odio a ese que te robó la vida,  que eres tú mismo, o lo que de ti queda,  más bien. Ahí voy de nuevo.  La empatía no se me da. Solo la pena.

Poseso

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Él ya no estaba ahí el día en que me habló de nuevo. Antes, cuando los sueños aún vibraban en su mirada, su carisma envidiable encendía cualquier ambiente social. Él ya no es él. Y afirmo esto no por lo delgado que está, por sus ojeras o por los rumores que le circundan, sino por su mirada sin brillo y por esa sonrisa a medio dibujar que me atormenta el alma. Ese gesto de felicidad a medias no le pertenece. Es del monstruo que lo devora lentamente. Ya le quitó el trabajo y la confianza de su familia, ahora destruye su vergüenza y sus valores.  Él ya no es él. No está en él. Nadie lo ha visto recientemente como solía ser.  El tipo que lo posee le pide dinero a las viejas del barrio, camina en la calle de madrugada con la mirada perdida y esquinea en zonas rojas.  Sé que lucha. Intentó adueñarse de sí mismo hace un par de meses. No saldré hoy, se dijo, pero el demonio que lleva adentro lo expulsó de su coraza convertido en vómito después de atormentarlo co...

Hay zombis en mi barrio

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No te vayas, por favor, dame un momento y te cuento. No pienses que estoy loca; y puedes estar tranquilo, hace tiempo que no me pego un porro. Esto es real. Hay zombis en mi barrio. Están en todos lados y a todas horas. No muerden, a veces roban, pero en la mayoría de los casos son inofensivos. Advertí su presencia hace un par de años, cuando todavía eran pocos. A algunos incluso los conocí en la escuela y con otros compartí juegos tradicionales cuando niña. La Primavera 2 -una ciudadela de pobres que está en Durán- es un pedazo de tierra dividido en varios sectores, que se organizan en peatonales, que hacen las veces de parqueaderos de vecinos de nariz respingada que ya pudieron comprarse un auto. Allí todavía se coge agua con bomba, y los más privilegiados tienen cisternas. Hay parques, pero desde que los zombis se apoderaron de ellos están prohibidos para los niños. También hay matas de almendra y mango, y muchas viejas chismosas que en épocas de calor salen a la esquin...