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Mostrando las entradas etiquetadas como Guayaquil

Poema 201 - A Guayaquil

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Fotografía cedida a prensa por el Municipio de Guayaquil. 9/10/2021 Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo:  "Mi ciudad está baleada y se escucha hasta acá a los muertos desde lejos". Los fantasmas de la pandemia nos miran desde el cielo y cantan. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo te vi sangrar. Y a veces tú también me viste. En noches como esta la muerte deshizo cuerpos. Y los deudos lloraron bajo el cielo infinito. Alguien roba un semáforo con cuchillo en mano. Alguien recuerda cómo se descompuso su cuerpo en un ataúd de cartón. Alguien viaja, muerto de risa, con dinero que no es suyo. Y alguien más tiene off shores. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar en la pandemia, sentir que no pudimos. Oír el noticiario y a otro muerto con ellos. La Peni cae a la vergüenza como Guayaquil al olvido. Qué importa que te escriba con esta frustración absurda. Si mañana que pase la fiesta tú seguirás vacía. Como para ay...

A la mierda tus fake news

Silencio. El alma grita. Tiene miedo. Afuera silencio. Un volante se detuvo en una ciudad que huele a muerte. En las vías silencio. En la redacción silencio. En los grupos de WhatsApp de prensa silencio. Omar se fue sin despedirse. Otros se han ido sin despedirse. Guayaquil sufre ausencia. Y calla. Por eso el silencio. El silencio acompaña el vacío. El vacío sabe a dolor. El dolor lastima el alma. El alma se pierde en este caos en donde también se pierden los cuerpos. A la mierda tus fake news. Silencio. La ciudad llora a sus muertos maltratados. Silencio. ¿Qué hay al otro lado? Nunca lo sabremos. A menos que, también, nos toque llamar al 911 para pedir oxígeno y nos dejen morir. El virus también golpeó otros países, dicen los optimistas. Yo digo que al diablo todo.

Se dictan talleres de redacción periodística personalizados

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A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de conocer a jóvenes aspirantes a ejercer periodismo. Todos llenos de pasión por el oficio. Admiro su constancia y ganas de aprender, por ellos, he decidido abrir un taller permanente de redacción periodística personalizado. Dictaré las clases personalmente o por videoconferencia. Si estás interesado puedes escribirme a bmoncada88@gmail.com. Este es un taller de reportería que dicté para un portal de la Universidad Laica.

Cuatro

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No recuerdo casi nada de la noche en que morí un poco. Solo a él.  Su cuerpo. Su sonrisa. Su voz.  La escopolamina me robó el pudor cuando quienes me la pusieron se habían llevado todo lo material. Todo menos a él, que amaneció a mi lado, al día siguiente, igual de drogado que yo. No recuerdo nada, excepto a él, que pasó de lo efímero a lo eterno.  Lo conocí ese mismo día, ¿saben? Era solo alguien más. Pero no. La droga. Él. Nosotros. El hotel.  El susto.  Y luego e l tiempo.  La magia.  La conexión.  La telepatía.  Las almas.  La distancia.  El reencuentro.  Las migajas de la memoria.  Las miradas.  Los besos.  Las canciones. Los besos.  Los besos.  Los besos.  Nosotros.  La luz de un farol. Una ventana.  Una calle.  Él.  Yo. Drexler.  ...  Drexler y una noche de asilo.  Morimos un poco ese día, pa...

Blankimonki por dentro, tres minutos de furia

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Vamos a ser más 3.0. Esta vez no me lean, esta vez, escúchenme. Algo de mí, muy muy muy personal. ->

Los aliens no comen encebollado

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Estudiantes del séptimo semestre de la Facultad de Comunicación Social aterrizan la icónica obra La guerra de los mundos en una producción radial de corte teatral que rinde tributo a la versión que hizo leyenda a Orson Welles y a la que, en 1949, produjo que una enojada multitud queme Radio Quito en Ecuador al saberse burlados por una falsa invasión alienígena. Nota del equipo: Con discreción, pero con pasión, presentamos esta renovada obra. Esta vez adaptada al 2018 y con epicentro en Progreso, una parroquia rural de Guayaquil. Perdónanos, Orson, my bro. Ahora sí, disfruten: Elenco Guion y dirección general Blanca Moncada Pesantes Edición y posproducción  Johnny Bastidas Apoyo técnico Allison Párraga Emma Cedeño Reparto: Periodistas en Cabina Blanca Moncada María Torres Reporte desde el peaje Johnny Bastidas Reporte desde Cerecita Allison Párraga Reporte desde el Municipio Mariana Velasco Reporte desde Progreso Gi...

INDEPENDIENTE SOS

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Sigue a este maravilloso ilustrador. ... La gente cree amarte estos días, Guayaquil. Luego te olvida, como a todo. Luego vuelve a sacar la basura a deshora, a tirar las colillas en el adoquín con el que te maquillas, a hacerte sangrar. Perla, libre te dicen, pero la mierda de tu pueblo no te deja respirar hace mucho. El estero, el Salado, es tu herida más grande. Y ahora dicen que hasta el río muerto que te baña tiene caca potable. Complicado. Comercial te dicen, pero las vías rápidas han matado tus negocios. Y no te dejan vacilar food trucks. Y los choros, Guayaquil, qué impotencia. Hueles a hache, a maduro con queso, al Loco Bucaram que vino a vengarse. Apestas. Pero eres bella, pelucona, fina, hasta las mismas. Pomposa, fotogénica, mía. Tu sur revienta de ira, a veces. Se conforma, otras, con una casa comunal barata. Tu centro muere lentamente. Tu norte, resentido, te abandona de a poco. Se va a ...

Amor salado

Ya están ebrios. De cervezas y de pasión. Ella se para en una roca a bailarle y se desprende del vestido. La Luna ilumina la silueta de sus curvas. Él está absorto. En realidad es hermosa. Se inquieta cuando la ve sumergirse. No puede quedarse atrás. Se desnuda también y la sigue. La escena es un ensueño. Nada a su alrededor como tilapia. Él pisa el fango, tímido. No sabe nadar. Se distrae de las blancas caderas bailantes cuando ve pasar  a su lado tres serpientes negras. Parecen sanguijuelas gigantes. Siente miedo. Pierde el equilibro. Tiembla y se sumerge. Una bocanada de agua y fango lo ahogan. Levanta los brazos, desesperado. La agonía llama a la sobriedad. Se está muriendo. Ella advierte el aprieto. Todavía encuerada, va por él y lo arrastra a la orilla. Lo alienta. Lo besa. Lo lleva a casa y le hace el amor. Se duermen y amanece. La hediondez del departamento lo despierta horas después. La ve tirada en el colchón. Las sábanas están llenas de lodo, ...

El zoológico asesino

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Medianoche. Conduce su taxi por la entrada del Niño Divino, en Durán. Hay autos parqueados y algunos transeúntes salpicados como zombis hambrientos a lo largo de la avenida. Uno de ellos le hace señal de pare, dos aguardan en la vereda. “¿Cuánto nos cobra de aquí a Tangamandapio?”. (Entiéndase por Tangamandapio un punto lejano de nuestra Costa, adonde solo se entra en burro. Que un taxista acepte una carrera hasta allí es casi imposible). “Cien dólares”, ofreció el conductor, casi sin frenar, a la espera de que el pasajero se niegue. “Perfecto, vamos”. Abrió las puertas. Se subieron. Se quedó estupefacto. “Esto me huele mal”, pensó. Suena el celular del copiloto. “Ya, ‘Perro’, ya voy en el taxi, aguanta”. Cierra y suena otra vez. “’Culebra’, ya me llamó el ‘Perro’. Estoy en camino”. Y otra vez. “’Oso’, anda a la casa del ‘Perro’, que ya llego. Por ahí va ‘Culebra’ también”. Monte y carretera. “Entre por esa choza de caña”. El camino de tierra se extendía hasta el infinito. Su p...

El sofá violado

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La farra había terminado para ella. No daba más. El cansancio se apoderó de sus piernas y escuchaba de lejos a su cama susurrarle al oído un cálido ‘ven’. Miró a Roberto, su amigo, quien adivinó sus intenciones y le respondió tajante: "Ni lo sueñes. Yo recién empiezo. Toma un taxi". Era un bar en la zona rosa de Guayaquil y ella estaba a tres manzanas del departamento que alquilaba con otra amiga. Llamar un auto era una exageración y caminar constituía un peligro. En el grupo de rockeros sin causa estaba aquel muchacho lentudo que le era indiferente. Al ver su preocupación, y aunque estaba bastante llevado de copas, se ofreció a acompañarla. No son amigos, pero se conocen hace ya algún tiempo porque comparten los mismos espacios de entretenimiento a menudo. Sabe cómo se llama y con quiénes tiene trato cercano. Accedió. Ya al pie de la casa, él le pide el baño. "Vamos, no voy a ser tan descortés", pensó. Lo hizo pasar. Esperó que salga y le dijo que aguarde un m...

Crónica no anunciada

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El día en que lo iban a matar, el periodista Robert Salazar se levantó temprano para iniciar una jornada al mediodía, después del feriado. Esto no es una novela de García Márquez, lector, esto es la vida. El lunes de esta semana  que hoy termina, mi amigo, colega y excompañero de aula recibió un balazo que lo apagó para siempre. Tenía 26 años. Un celular fue el motivo. Dicen que se resistió, que aún baleado caminó y pidió ayuda, pero que murió en la ambulancia... Robert es todos nosotros hoy. Lo es él y lo son todas las víctimas de la delincuencia. Robert es, lector, tus ganas de no sentir miedo en la calle. Es tu añoranza de una sociedad mejor. Es el celular que se te quedó en el taxi y que apagaron para no devolverte. Es el dinero que un maleante disfrazado de pasajero te arrebató en una carrera, taxista. Es el arranchón que te hicieron desde el colectivo, desde la calle, a la luz del día. Robert es la zozobra, la incertidumbre, el terror de pertenecer a este mundo lleno de ...

A la fragua en moto

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Ella debe llegar al acto cívico por la independencia de Guayaquil a las cinco de la madrugada. A esa hora, desde hace siete años, tiene lugar en el monumento a la Fragua de Vulcano el encuentro conocido como Saludo a la Aurora Gloriosa, una ceremonia solemne con la que se conmemora la libertad de la ciudad todos los 9 de Octubre. Aún está oscuro y acaban de avisarle que nadie de la organización puede pasar a verla. Así que con las galas de 1820 encima: vestido acampanado, guantes de seda, sombrilla y bolso, se dispone a caminar a la principal en busca de un taxi. Una luz se acerca. Es un motociclista, repartidor de diarios: “¿adónde va, señorita?”. Karina Gálvez pensó un momento. El traje que llevaba, la calle, la hora... “¿En serio le voy a decir que voy a la Fragua de Vulcano?”. Antes de que la piense loca,  la poetisa le explicó de la ceremonia por la Independencia. Él, de aspecto bonachón, se ofreció a llevarla; pero eso sí, le dijo que antes debía repartir unos diarios...

Soy alérgica al zoológico de la selva de cemento

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Desconozco al autor de esta magnífica ilustración, apenas aparezca, le daré su merecido crédito Me da urticaria. Los perros babosos de las esquinas, que lanzan piropos en adoquines, me caen mal. Los zorros narcisistas y exhibicionistas que critican a las gordas y a las feas, me caen mal. Los buitres que andan al acecho de las faltas de los conductores, me caen mal. Y no es que sea intolerante.  Tuve un can llamado Scooby que supo ganarse mi respeto,  pero a estos de mi lista simplemente los detesto. Odio a los monos maleducados que botan basura en la vereda,  a los que pitan cuando el semáforo está en rojo  y a los que imitan modas cojudas  y se cortan el pelo ridículamente para llamar la atención. Las cotorras -que cual floreros vigilan y susurran mi andar-  también tienen un espacio en este cantar. Igual que los sapos,  los sabidos y los sufridores,  en todas sus categorías,  son los peores. ...

No me gustan las discotecas

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No me gustan las discotecas.  Soy de bares y veredas.  No me gustan los tacos. Soy de Converse  y de pisos chinos de a diez latas. No me gustan las carteras de cuero. Soy de bolsos hippiosos que lleguen a la rodilla. No me gusta peinarme, Dios lo sabe. Nací samba. No me gusta ver televisión. Soy de viajes y de libros. No me gustan los cocteles. Soy de biela de a lata,  de sácale los diablos a la patucha.  Del tabaco y "la conversa" Y también del buen café. Y dos regalos Yo soy así: El estuche

El cantante de la desgracia

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Se va a llenar. Escuché en la radio cómo lo promocionan con tanta efusividad y sé que esa gente hará posible esa apocalíptica realidad.  Dejarán en casa a los niños que tuvieron cuando eran estudiantes de un colegio que nunca terminaron, aplazarán ese día cualquier negocio ilícito o actividad delictiva.  De hecho, todo lo que deban hacer, lo harán antes del día en que llegue su dios.  Deben para entonces haber reunido el dinero para la entrada, para una recarga de a dólar en el celular y para la cerveza, que de seguro estará más cara en el lugar de la cita.  Habrá euforia, llantos, llamadas al amante y gritos de mujeres y homosexuales promiscuos que estarán tan cerca, que los hombres verán cómo se moja la entrepierna de cada uno. Algunos llevarán hache en el bolsillo, para sentirse en onda cuando al fin lo vean en escena. Otros, probablemente, armas, para trabajar después del show.  Su concierto se va a llenar. Y él, el esperado, corroborará ...

La homilía de mis demonios, un diálogo con Francisco, el Papa

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Escribí su biografía, indagué la revolución social que pregona en la doctrina de la Iglesia, me empapé de cada detalle de su vida para un especial que realicé en el diario en que trabajo, pero Francisco no había llegado a mí a través de su sermón. Redactando la última nota sobre su arribo a Guayaquil empezaba su homilía. Los televisores de la Redacción sintonizaron la noticia. Escucharlo fue una epifanía que me dejó un nudo en la garganta. Era como si estuviéramos en una conversación privada. Él se limitó a contestarme.  - Yo sí rezo; a veces. Rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos, y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. -¿Qué es mantenerse al margen y qué quemeimportismo? Hay un prójimo cercano que está necesitado. En la familia nadie es -nadie debe ser- descartado, todos valen lo mismo. -¿Por qué tienen que importarme? ...

La mierda no se lava con ceniza

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Salí de la casa y vi a gente con una cruz en la frente.  Allí estaba la brinquilla que es hija de la vieja sapa,  el veterano borracho.. .  Estaba el que le puso los cachos a la mujer y se fue con la otra;  estaba la otra.  No faltó el patán que le pegó a la madre el otro día  ni el choro de la hora boba.  Caminaba contenta la seño que atiende el puticlub en el que se rematan todas las farras del fin de semana.  A lado de ella vi al pelotero apostador  y al vago al que aún mantiene la familia que está en España cuidando viejitos.  La curuchupa que no devuelve la pelota de los niños verederos caminaba hacia allacito,  es la misma que le da veneno a los gatos de la tetona que  los fines de semana prende el equipo a todo volumen con bachata y vallenato;  esa, que se tiró al vecino que vende maduro con queso a dolar cincuenta. Vi al flaco, al gordo, al patucho, vi al colorado, a...

Tributo lúdico a Guayaquil

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Apertura con una celebración amarga (leer con tono de deudo) Sí... sí...  Que viva. Siéntanse guayaquileños. Suban y bajen los 444 escalones del cerro Santa Ana. Caminen por la Numa Pompilio ida y vuelta. Cómanse un chuzo a la altura de Diva Nicotina. Bajen hasta La Rotonda y tómense fotos con Bolívar y San Martín. Vayan a llenar de orine los baños del malecón,  a repletarlo como buenos noveleros;  a colmar la Nueve de Octubre y los KFC;  a comprar espaditas de colores a los vendedores ambulantes, que solo hoy trabajan en paz. Tripeen el teatro callejero afuera de la San Francisco. Hoy... y solo hoy, los metropolitanos perdonan todo.  Llenen los adoquines de chicles masticados... Saquen a pasear a los niños, como lo hacen cada vez que son las fiestas. Coman canguil y manzana acaramelada, tómense una foto instantánea de a dólar cincuenta. Péguense un tabaco sentados en el Centenario. y boten la colilla en el sue...